La acepción más difundida del término «efeméride» -o «efemérides»- se refiere a la conmemoración de un hecho notable, es decir, al aniversario de un acontecimiento histórico destacado de un pueblo o de toda la humanidad. 

 

Si bien podría, entonces, definirse a la historia como una relación ordenada de efemérides, hay que tener en cuenta que las noticias de los eventos del pasado llegan a nosotros a través de fuentes como la tradición oral y los documentos, sometidos a la subjetividad de quienes recogieron la información y de quienes la transmitieron.

Todas las monedas tienen dos caras y todos los acontecimientos pueden ser interpretados de formas distintas, tanto a causa de las intenciones de quienes lo hacen como por las variaciones de circunstancias que modifican la mirada social sobre los hombres, las ideas y los hechos.

Así, por ejemplo, celebramos en este mes las decisiones tomadas hace 208 años por la Asamblea del año XIII porque, entre otras cosas, abolió la esclavitud en nuestro territorio, pero no destacamos la naturalidad con que había sido tomado en estas tierras, durante siglos, el tráfico y explotación de personas.

Lo mismo suele ocurrir con gestas patrióticas en las que se celebran los éxitos bélicos, sin centrar la mirada en el número de vidas que costó cada batalla.

Por las paradojas del lenguaje, recibe también el nombre de efemérides una herramienta de la astronomía, consistente en tablas de observación y predicción de la posición de los astros en un momento determinado, que resultó eficaz en la navegación marítima de los siglos XV y XVI –crucial, por lo tanto, en el descubrimiento y exploración del Nuevo Mundo- y que aún hoy sigue siendo utilizada en la navegación espacial.

El conocimiento, análisis y respeto a la verdad en la historia de un pueblo, ajustado al mayor rigor posible y exento de las pasiones del momento,  se hace necesario para la comprensión de los hechos de la actualidad y para su proyección hacia el futuro.

Sin el aprendizaje de lo que fue en el pasado y la aceptación de lo que es en el presente, cualquier pueblo deambula sin rumbo cierto, en círculos o en riesgo de estrellarse contra los escollos, como una nave –espacial o marítima- que no lee, no interpreta ni acepta el consejo de sus efemérides.

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Por Patricia Giglio

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